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martes, 16 de mayo de 2017

La preparación del partido (La BSO de mi vida)

Todos los sábados tenemos un partido que afrontar, pero antes tenemos una semana de duros entrenamientos en los que se tiene que dar lo máximo. En estos entrenamientos se puede escuchar la constante cancioncilla del bar que siempre está ahí para motivarte. También escuchamos las instrucciones del entrenador, que nos gusta mucho aunque lo que más, son los ánimos de la afición, que siempre están ahí cuando más lo necesitas para animarte y apoyarte. Los pases y toques de fondo muestran las jugadas que te llevan a la victoria durante el partido. Cuando llegas a los momentos decisivos, y marcas el gol de la gloria expresas toda la alegría y quieres que todos lo vean y gritas: ¡¡¡SUUUUUUUUUU!!! Con esto hemos querido enseñar a la gente lo que hay que trabajar antes de llegar al partido y llevarse la victoria. Todo lo que hay que correr y esforzarse para lograr un buen resultado en el encuentro que juegas.

Álvaro Tabuenca y Alejandro Campos. (3ºESO)

El ritmo del deporte (El ritmo que nos rodea)

El momento que he escogido es cuando voy a jugar a tenis, lo hago habitualmente, dos o tres veces por semana. 
Cuando juego escucho muy frecuentemente pelotas botando en el suelo que o bien se caen o son botadas en el suelo por el monitor o por los propios alumnos. Me dispongo a sacar la raqueta de mi funda, a este acto le acompaña el ruido de la cremallera deslizándose.
 Pegar la pelota con la raqueta me sirve para desahogarme y en ocasiones para olvidarme de todo durante unas horas, esta acción es acompañada a su vez por el sonido de un golpe en seco. Además este juego me provoca cansancio ya que habitualmente debo de correr de forma rápida y volver de nuevo al sitio inicial, al correr mis pies golpean el suelo rápidamente e incluso provocan un estridente sonido.

Jugar a tenis me provoca alegría e incluso relajación, pienso seguir jugando hasta que me vea obligada a dejarlo, pero por ahora necesito practicarlo aunque sea una vez por semana para sentirme bien conmigo misma.

Carlota Carranza (3ºESO)

lunes, 1 de mayo de 2017

Mi verano (La BSO de mi vida)

Un momento, dos, tres o cuatro, pero cada uno especial. Cada uno con sus risas, sus miradas; sus características. Y parece imposible ser sencillamente feliz junto a alguien que alegra tus vacaciones, alguien con quien puedes compartir Coca-Colas frente al mar. Alguien con quien puedes montarte en un coche y descubrir lugares. Y quieras o no, sabes que cada año esperas ansiosamente a que lleguen esos días para pasarlos junto a ella; tu mejor amiga. Porque la extrañas, porque tienes ganas de un gran abrazo que recupere todos esos días a distancias incontables. Quieres disfrutar baños en la playa, siempre que sea junto a ella. Quieres compartir infinidades de palabras que no sabes cómo expresarlas con los demás. Y… ¿Qué me dices de esas cenas con amigos? Sí, sí, aquellas en las que las horas se convierten en segundos recordando los tiempos pasados, en las que los dispositivos móviles quedan apartados para darle paso a las palabras que construyen la noche y nos olvidan los grandes problemas sucedidos en el invierno. Por esos paseos en bicicleta, eso helados observando las barcas del puerto. Aquellos caminos perdidos para encontrar una buena puesta en escena y tener una gran fotografía. Sé que la vida es como una montaña rusa, y que todo puede acabar cuando menos lo esperas, por eso disfrutaré cada momento. Pero… para todo lo bueno hay que esperar, y, esperaré, por todos esos grandes veranos junto a tí.
Lucía Muro (3ºESO)

Lectura en la terraza (La BSO de mi vida)

Salgo ,corro ,me siento y empiezo a leer. Conforme estoy leyendo el libro más me atrapa por la serie de hechos narrados,aunque mientras leo me doy cuenta de una cosa que no estoy solo, los pajaros cantan y se posan en las ramas para cantar su canción como gesto de belleza.
La gente se despierta y empieza el tronar de los motores de los coches,los pájaros asustados salen pitando de la terraza como si nunca hubieran estado allí.Comienzo a seguir otra vez la lectura intentando concentrarme  aun teniendo todo contra mí, así que se me ocurre poner los cascos para oír la Marcha Turca de Mozart.Siempre que leo intento apasionarme por la lectura pero aquella vez era diferente sentía como un
vacío en mi interior y eso me hacía sentir mal pero cuando me pasa eso pienso en la suerte que he tenido de tener esta familia que tengo.
Samuel Daniel (3ºESO)

La tarde (el ritmo que nos rodea)

Llego a casa, abro la puerta y me voy a mi cuarto. Mientras estudio se oyen toda clase de sonidos: la calle, la lluvia, la lavadora… Algunos son molestos pero otros relajantes y me ayudan a estudiar. Para mí la tarde es un momento de relajación después de seis horas en el colegio. un momento en el cual te sientas y descansas de tantas matemáticas. Me levanto y me doy un paseo por la casa. Se oye la televisión, mi madre marcando un número en el fijo y alguien tirando de la cisterna. Vuelvo a mi cuarto y continúo estudiando, se oyen otros sonidos: los papeles, y mi prima llorando. De repente todos los sonidos se convierten en un ritmo que me ayuda a concentrarme. Entonces todos se callan y se vuelve a oír la lluvia por encima de todo lo demás.
Cristina Navarro (3ºESO)

Camino hacia la libertad (la BSO de mi vida)

Son cerca de las 10 de la mañana, estoy caminando por el sendero de "la Cola de Caballo" con mi músicade Johan Sebastian Bach y experimentando la dulce brisa de la mañana de un perfecto día de verano, el agua corre por el río con sus aguas cristalinas y junto con unos pájaros muy curiosos. Por el camino, solía encontrar excrementos de vaca pero eso no me iba a detener y fastidiarme el día por lo que las sorteaba con la mayor cautela que se podía conseguir a tener en cuenta que tenía una mochila grande. De vez en cuando hacía poco ruido para que las marmotas no se fueran, dado que era la primera vez que las veía tan de cerca, por lo que sentía una gran satisfacción. El camino se iba allanando delante de mí por lo que veía que ya faltaba poco para llegar a la inmensa cascada que esperaba con ilusión, pero de momento solo veía unas vacas pastando tan tranquilas como quien toma el sol pero no me podía entretener o no podría comer en la cascada por lo que aligeré el paso. Y así entre piedra y piedra avisté una inmensa cascada de aguas más limpias que el cristal, que junto con el viento formaban una lluvia de gotitas que te humedecían todo el cuerpo con una satisfacción inmensa dado  el calor que hacía. Y allí apartado de cualquier aparato electrónico encontré la libertad que tendríamos que tener todos por lo menos una vez en la vida. 

Saúl Daniel Soriano (3ºESO)