viernes, 12 de abril de 2013

Parloteando

Carlota… Desde el primer día llorabas diciendo “laaaa”. ¡Se tenía que notar la música por algún sitio!
El tiempo pasa rápido. Aprendiste pedorretas, gorgeos, risas y un chorro de sílabas: pa-pa-pa-pa, te-te-te-te, na-na-na-na, ma-ma-ma-ma… ¡todo menos el “ajjjjoooo” con el que se empeñaba la abuela!
Con la primera vela vinieron “papá”, “mamá” (sólo para mimos, porque… ¡también soy papá!), “paaa” (para el pan o para llamar a nuestro perro Pancho, según el caso), ”obú” (al rico yogur), “buuu” (el búho que se esconde tras la cortina), “agua” (más claro, ídem), “holaaa” (descolgando el teléfono) y “a gar dar” (por la cantinela: a guardar, a guardar, cada cosa a su lugar…) Y sobre todo… “¡ah!” tu comodín, que señalando con el dedo  puede significar música, gato, pelota, plato, estoy aquí, cuento, pulpo, gorro, nene, quiero eso, abre la puerta…
Ya nos dijo la pediatra: “cómo habla esta niña, ¿quién en casa es parlanchín?”. El padre miró a la madre y la madre al padre. ¿Lo seremos los dos?...
No dejas de parlotear, mientras das vueltas a tus zapatillas, verdaderos ejercicios de vocalización. Rítmicos, acompasados, graduando la intensidad, buen chorro de voz. ¿Qué será de nosotros cuando empieces a hablar y no pares? ¡Qué siga la diversión!



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